jueves, 24 de junio de 2010

Domingo siete

La Amazonía, no es inmune al dicho que piensa que si trabajas en domingo en vez de descansar es una elección fatal y es así que este relato tiene su inicio en tiempos de la conquista española y se cuenta una historia en quechua que después fue pasado al español y adecuada como “domingo siete”, aquí les traemos el relato.

Un antiguo cazador nos cuenta sobre su experiencia que mientras iba persiguiendo a un ciervo, se perdió en el bosque y estando ahí en la espesura densa mas la llegada del ocaso no pudo llegar al camino que lo llevó hasta ahí.

El cazador disparo alternativamente sus municiones hasta consumir todos sus cartuchos, y luego comenzó a golpear las alas de los árboles, con el fin de que lo escuchan y sepan que necesita ayuda.

Cuando anocheció por completo, decidió subir a un árbol y en cuya copa se pasó la noche en vigilia por si algún otorongo (jaguar) hambriento aparecía.

Y es así que oye unos ruidos extraños que no eran otros que los sonidos de la selva, rugidos lejanos de jaguar, el destello de las luciérnagas. De pronto todo el árbol se iluminó en ese momento apareció un grupo de pequeños chullachaquis y buchisapas, que llevaban en cada mano shupihui que era lo que alumbraban el camino.

El cazador se sorprendió al ver a los chullachaquis, debajo del árbol de Oje que era donde se encontraba. Pararon ahí los chullachaquis, sin darse cuenta del cazador que estaba observando todo lo que estaba sucediendo. La legión de Chullachaquis, procedió a bailar alrededor del árbol de Ojé, cantando Ccaypi, Ccaypi, pacta mana pactancho, lunes, martes, miércoles, tres.

Los pasos de danza fueron saltos sin ningún compas, a la par estaba la improvisación y lo grotesco, y así fue que pasaba el tiempo horas y horas sin parecer que terminaba su canto y su baile, porque se confundieron en un jolgorio estruendoso y que para entonces el cazador ya sea antes o después pensando que lo descubrirían opto por terminar con ese suplicio, decidió entonces a gritar con todas las fuerzas de sus pulmones, jueves, viernes, Sábado, seis, jueves, viernes, sábado seis.

Cuando se escucha el grito extraño para él, de repente se calló en el líder del grupo, en voz alta, dijo:

¿Quién ha venido a cruzarse en nuestro camino y miró hacia arriba en dirección al árbol de ojé, revelando al cazador, lo obligaron a bajarse y a lo que el no pudo negarse, lleno de miedo, salto hacia ellos.

El jefe de chullachaquis, en silencio por largo rato mirando al cazador al final le otorgo un premio por haber mejorado su canción.

Para entonces ya amanecía, así que decidieron llevar al cazador, a un lugar donde los animales abundaban y podría cazar hasta donde él quisiera. Los animales que abundaban en aquellos lugares y que al ser señalados por los chullaquis, se dejaban agarrar sin oponerse ni huir.

Después de pasar algún tiempo con ellos, lo llevaron al camino que él conocía para volver a su casa, así lo hizo, teniendo un montón de carne de venado, la pava, el tapir y más. Los chullachaquis le advirtieron al cazador que por haberles ayudado a mejorar su canción solo el podía regresar cuantas veces lo desee, para llevarse los animales que quisiera pero que no avisara a nadie más ni contara lo ocurrido.



Cuando llegó a casa encontró a su esposa preocupada porque no había llegado, pero al ver la sorpresa de la buena caza y toda la mercadería que traía pronto se corrió la voz en toda la comunidad de la suerte de este cazador, pero nunca decía donde había encontrado tan buena cacería.

Uno de los vecinos invito al cazador a brindar por su buena suerte y comenzó a beber en exceso más por el acoso del amigo, hasta que el cazador quedo en completo estado de ebriedad y es donde se ve las verdaderas intenciones del supuesto “amigo” que aprovechándose insiste que le diga el proceder de tamaña fortuna.

El cazador le cuenta todo y al día siguiente que justo era domingo, va el vecino siguiendo las indicaciones que se había aprendido de memoria, hasta que después de tantas vueltas encuentra el árbol de Ojé, espera al anochecer y sube a la copa tal como lo había hecho su predecesor.

Y es aquí que ocurre exactamente como le habían dicho y paso todo exactamente con la excepción que ahora la canción era, ccapy ccapy pacta mana pactancho, lunes, martes, miércoles, tres; jueves, viernes, sábado, seis; esto último por la colaboración del primer cazador.

El vecino que sabia el proceder grito con todas sus fuerzas,¡¡ Domingo Siete!!, ¡¡Domingo Siete!!, tan estridente que todo se puso en silencio, y el jefe de los chullachaquis hizo un ademan para que el hombre bajase, y este con el pensamiento en la recompensa de un salto se puso en frente de todo el grupo.

Pero esta interrupción no le gusto para nada ni al líder ni al grupo en general de chullachaquis así que a una orden todos se lanzaron sobre el interesado vecino, y lo despedazaron por haber sido testigo de una celebración muy importante y secreta.



Si te agrado este articulo, no olvides suscribirte a la página Aquí



4 comentarios:

joel dijo...

esta muy buena y también les voy a contar de la cabeza de la bruja un día un chico ustedes busquen .....

Anónimo dijo...

Yo lei este relato en un libro, y me parece que tiene un final diferente no biene tanto al caso, el final que yo lei indica que al segundo hombre luego de gritar domingo siete! lo bajan del arbol y le dan de beber un brebaje que lo combierte en un chullachaqui.

Anónimo dijo...

Si eso es cierto,creo que el libro era un escuela nueva antiguo de sexto grado...con imagenes de color naranja...

Anónimo dijo...

TERMINA diferente el mio pero al final, el segundo cazador recibe su merecido