sábado, 23 de mayo de 2015

Leyenda del callejón de la Buena Muerte

En México desde tiempos prehispánicos se venera a la muerte, con el paso del tiempo esta idea de culto paso por varias etapas hasta la llegada e influencia del catolicismo de la época colonial, ya a mitades del siglo XX de su conjunto de elementos e influencias emerge su presentación final “la santa muerte”, donde los creyentes no la ven como una presencia negativa sino como un ángel creado por dios que está incluido necesariamente en el ciclo de la vida, una ley natural y fuerza elemental, de ahí que la consideren como objetos de rezos, entre otros asuntos de la cual podemos considerar la leyenda que viene a continuación como una de sus derivaciones…



Se dice que hace muchísimos años por la calle de Alameda en la ciudad de Guanajuato, en uno de los callejones de la ciudad vivía una anciana y su nieto que subsistían de las limosnas que recibían, el pequeño nieto alegraba su mísera existencia y la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna. Tanto ella como el niño vestían con ropas viejas y harapientas no siempre limpias, se alimentaban precariamente y habitaban en un pequeño cuartito.

La viejita vivía con la preocupación de que si se moría, el pequeño se quedaría solo y desamparado, pues no tenían ningún pariente y ambo se encontraban solos en el mundo. A pesar que ella temía partir primero sucedió que el niño enfermó gravemente, ella desesperada no hacía más que llorar y rezar, pidiéndole a Dios que no se llevara lo único que tenía. En eso, se le apareció la Muerte diciéndole que debido a sus ruegos, estaba dispuesta a dejarle a su nieto, pero con la condición de que ella quedara ciega por el resto de sus días; un trato difícil para muchos pero que ella sin pensarlo aceptó. Desde entonces el niño le sirvió de lazarillo, y la gente al ver ese triste cuadro, aumentó sus dádivas.

Pasó el tiempo y fue ella la que enfermó; el niño le preguntaba a quién debería rezar, a quién debía encomendarla para que no fuera a morir y a dejarlo solo. La ancianita le contó que al nacer él, su madre había muerto y que, desde entonces, ella había vivido para cuidarlo y quererlo. Se quedaron dormidos y, en el sueño, la anciana volvió a ver a la Muerte; con su figura esquelética vestida de negro, le anunció que venía por ella, la viejecita le suplicó que la dejara un tiempo más, y la Muerte le dijo que lo haría a cambio de los ojos del niño, pero ella no aceptó porque no quería que el pequeño sufriera por nada. La Muerte entendió su decisión y le dijo entonces que lo único que podía hacer era llevárselos a los dos para que estuvieran juntos para siempre. La anciana aceptó, pidiéndole que lo hiciera en ese momento para que el niño, que estaba durmiendo no sintiera nada.

Así ocurrió, la muerte se llevó a ambos en ese mismo momento, de pronto los vecinos oyeron el doblar de las campanas, que sonaban de una manera misteriosa, sonido que no se parecía a nada que habían escuchado antes. Cuando amaneció, los vecinos se dieron cuenta de los decesos en el cuartucho, y lógicamente pensaron que la abuelita y el nieto habían muerto de frío.

Después de un tiempo los vecinos se dieron cuenta de una presencia en el callejón que no se dejaba ver pero que rondaba siempre cerca al cuartito donde murieron ambos, una vecina corrió la voz de que eso pasaba por que la propia viejecita había pedido a la Muerte que se los llevara juntos, al parecer la muerte rondaba tal vez porque sufría al haber tenido que llevarse a estos desdichados, y se aparecía como una sombra, cerca del cuartito; después a petición de los vecinos, el cuartucho aquel fue derribado, con objeto de levantar allí una capillita en donde se veneraría al Señor del Buen Viaje, en recuerdo de aquel suceso y la trágica decisión que se tomó.


Las imágenes que se muestran fueron encontradas en la red, tienen sus propios autores y/o dueños solo se han colocado como información y guía del tema que estamos tratando.
Si te agrado este articulo, no olvides suscribirte a la página Aquí



0 comentarios: