sábado, 8 de octubre de 2016

¿Gigantes en América? Extracto de relatos y crónicas antiguas

La historia de la humanidad está repleta de fantasía, en sus diferentes mitos de cada cultura alrededor del mundo, la fascinación por los seres mucho más grandes que lo normal, generan asombro y reverencia. Tal vez la comparación de nosotros con las criaturas de menor tamaño ha logrado que en algún momento nos pongamos en sus pantalones e imaginar observar a gigantes de dimensiones considerables reduciéndonos a alimañas. Entre los antiguos indígenas americanos también hubieron estos extraños mitos, pero ¿cómo puede haber un pensamiento tan homogéneo en el mundo?


En la lejana India, en Grecia y Escandinavia se cuentan sobre gigantes que no nos ven como rivales y solo los dioses o algunos héroes pueden hacerles frente y solo gracias a recursos excepcionales como poderes o armas mágicas o una astucia fuera de este mundo. ¿Cómo es que esta fantasía exista en diferentes culturas alrededor del mundo?

En el tiempo del virreinato, el cronista Pedro Cieza de león recoge narraciones y relatos del Perú de la localidad costera en puerto viejo ahora perteneciente a Ecuador, en sus crónicas el Inca Garcilazo trascribe literalmente la versión de Cieza en los Comentarios reales y es la misma que pongo a continuación:

"Cuentan los naturales por relación que oyeron de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás, que vinieron por la mar en unas balsas de juncos, a manera de grandes barcas, unos hombres tan grandes que tenía tanto uno de ellos de alto la rodilla abajo como un hombre de los comunes en todo el cuerpo aunque fuese de buena estatura, y que sus miembros conformaban con la grandeza de sus cuerpos tan disformes, que era cosa monstruosa ver las cabezas, según eran grandes los cabellos que les allegaban a las espaldas.

Los ojos señalaban que eran tan grandes como pequeños platos; afirman que no tenían barbas, y que venían vestidos algunos de ellos con pieles de animales y otros con la ropa que les dio natura, y que no trajeron mujeres consigo; los cuales como llegasen a esta punta después de haber en ella hecho su asiento a manera de pueblo (que aún en estos tiempos hay memoria de los sitios de estas cosas que tuvieron) como no hallasen agua para remediar la falta que de ella sentían, hicieron unos pozos hondísimos, obra por cierto digna de memoria, hecha por tan fortísimos hombres como se presume que serían aquellos, pues era tanta su grandeza.

Y cavaron estos pozos en peña viva hasta que hallaron el agua, y después los labraron desde ella hasta arriba la piedra; de tal manera que durará muchos tiempos y edades; en los cuales hay muy buena y sabrosa agua, y siempre tan fría que es gran contento beberla."


"Habiendo pues hecho sus asientos estos crecidos hombres o gigantes, y teniendo estos pozos o cisternas de donde bebían, todo el mantenimiento que hallaban en la comarca de la tierra que ellos podían hollar lo destruían, y comían tanto, que dicen que uno de ellos comía más de cincuenta hombres de los naturales de aquella tierra; y como no bastase la comida que hallaban para sustentarse, mataban mucho pescado en la mar con sus redes y aparejos que según razón tenían.

Vivieron en grande aborrecimiento de los naturales, porque por usar con sus mujeres las mataban, y a ellos hacían lo mismo por otras causas. Y los indios no se hallaban bastantes para matar a esta nueva gente que había venido a ocuparles su tierra y señorío, aunque se hicieron grandes juntas para platicar sobre ello, pero no los osaron acometer.

Pasados algunos años, estando todavía estos gigantes en esta parte, como les faltasen mujeres y a las naturales no les cuadrasen por su grandeza, o porque sería vicio usado entre ellos, por consejo e inducimiento del maldito demonio, usaban unos con otros el pecado nefando de la sodomía, tan grandísimo y horrendo, el cual cometían pública y descubiertamente sin temor de Dios y poca vergüenza de sí mismos; y afirman todos los naturales que Dios Nuestro Señor, no siendo servido de disimular pecado tan malo, les envió el castigo conforme a la fealdad del pecado; y así dicen que estando todos juntos envueltos en su maldita sodomía, vino fuego del cielo, temeroso y muy espantable, haciendo gran ruido, del medio del cual salió un ángel resplandeciente con una espada tajante y muy refulgente, con la cual los mató a todos y el fuego los consumió, que no quedó sino algunos huesos y calaveras que por memoria del castigo quiso Dios que quedasen sin ser consumidas por el fuego.

Esto dicen de los gigantes, lo cual creemos que pasó, porque en esta parte que dicen se ha hallado y se hallan huesos grandísimos y yo he oído a españoles que han visto pedazo de muela que juzgaban que a estar entera, pesara más de media libra carnicera; y también que habían visto otro pedazo de hueso de una canilla que es cosa admirable contar cuán grande era, lo cual hace testigo haber pasado; porque sin esto no se ve adónde tuvieron los sitios de los pueblos y los pozos o cisternas que hicieron. Querer afirmar o decir de qué parte o por qué camino vinieron estos, no lo puedo afirmar porque no lo sé."


Uno se puede dar cuenta como Cieza de León, distorsiona el relato original en algunos pasajes para incluir su traducción que se aferra a los dichos de esos tiempos donde el catolicismo empapaba el lenguaje mismo y cambiaba ciertas palabras que consideradas vulgares. Sin embargo la idea de la narración no se pierde y en su lugar mantiene el realismo y abre la posibilidad de que la existencia de gigantes en estas tierras no fuese solo una “fantasía mundial”.

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