viernes, 14 de octubre de 2016

Kooch el creador y el origen del hombre de la Patagonia.

Esta es una leyenda de Argentina, de los antiguos Tehuelches, antiguos habitantes de la Patagonia, espero sea de su agrado.


Cuentan que en el comienzo de los tiempos, no existía la tierra, ni el mar, n siquiera el sol, lo único que había era una densa y húmeda oscuridad entre tinieblas. Pero en ese extraño mundo vivía Kooch, no se sabe porque un día se sintió solo ya que siempre se había bastado para sí mismo, Kooch rodeado de la nada se puso a llorar.

Lloro tanto, no se estima cuanto en el tiempo pues sería imposible, sin embargo con sus lágrimas se formó el mar, un inmenso océano donde la vista se pierde en el horizonte. Kooch tardíamente se dio cuenta lo que había hecho, el agua crecía de tal manera que estaba a punto de cubrirlo todo, así que seco sus lágrimas y suspiro.

Al hacer ese suspiro, fue el único viento que viajo sobre las aguas, que soplaba constantemente abriéndose paso entre las tinieblas formando olas en el mar, algunos incluso mencionan que por ese suspiro que se transformó en viento la niebla fue totalmente disipada dando lugar a la luz, pero otros opinan que fue el mismo Kooch quien creo la claridad.

Los que cuentan como Kooch creo la luz, mencionan que después de llorar, quiso ver lo que había hecho, pero con tanta niebla era imposible, se alejó un poco en la oscuridad pero aun así, no diviso nada, levanto el brazo y con fuerza hizo un tajo en las tinieblas, creando una chispa que ilumino todo, esta chispa nunca se apagó y es conocido ahora como el sol, pero los antiguos tehuelches lo conocían como Xáleshen.

Esta chispa se elevó sobre el mar e ilumino todo ese magnífico paisaje, la inmensa superficie mecida por el viento creando cada ola hasta verla transformarse en espuma y deshaciéndose al final. El sol, al elevarse logro iluminar la neblina que con luz ahora se veía como nubes quienes se pusieron en movimiento vagando incansables por el cielo, formando sombras sobre el mar y pintando variados manchones de colores oscuros.

El viento también empujaba las nubes a su gusto, algunas veces suavemente, otras en forma violenta que chocaban entre sí, al hacerlo las nubes se quejaban y de ellas salían truenos retumbantes que luego se mostraba su molestia al encenderse relámpagos amenazadores y brillantes.

Kooch vio todo esto y lo vio como una gran obra maestra, entonces hizo surgir del agua una isla muy grande, la cual emergió, en ella puso a los animales, pájaros, insectos y rodeo la isla de peces. Las otras creaciones vieron estas nuevas obras de Kooch y la encontraron hermosas poniéndose todos de acuerdo para cuidarlas y que prosperen.
El sol se encargó de calentarlos e iluminarlos, las nubes dejaban caer su lluvia bienhechora, el viento se moderaba para dejar crecer los pastos, la vida era dulce en la pacifica isla de Kooch.

Kooch el creador, estaba satisfecho y se alejó cruzando el mar, a su paso hizo emerger una nueva tierra y siguió avanzando al horizonte de donde nunca más volvió. Las cosas tranquilas en este nuevo lugar hubieses seguido asi, pero la oscuridad o Tons también engendro a sus hijos gigantes, llamados hijos de Tons. Un día uno de ellos llamado Noshtex rapto a la nube Teo y la encerró en su caverna. Sus hermanas nube buscaron y buscaron pero nadie dio con ella.

Furiosas por este acto crearon una gran tormenta arrojando una lluvia torrencial que corrió desde lo alto de las montañas, arrastrando rocas y animales, inundando cuevas, destruyendo nidos y la tierra en señal de protesta.

Después de tres días y tres noches el sol o Xáleshen quiso saber el motivo por tanto enojo apareciendo entre las nubes para ver, una vez que le dijeron lo que pasaba, se alejó detrás de la línea donde se junta el cielo con el mar, cerca donde Kooch se encontraba y le contó lo sucedido.

Kooch dijo: Te prometo que quien sea que rapto a Teo cometió un crimen y pagara por lo sucedido, si ella tiene un hijo, este será más poderoso que su padre.

A la mañana siguiente el sol volvía del horizonte y comunico la profecía a las nubes agolpadas en el cielo, estas enseguida le contaron a Xóchem el viento que rápidamente volo a la isla comunicando la noticia a todo quien pudiera oírla, el chingolo se lo contó al guanaco, el guanaco al ñandú, el ñandú al zorrino, el zorrino a la liebre, al armadillo, al puma.

Finalmente Xóchem sopló el mensaje a la puerta de las cavernas donde los gigantes moran para que nadie se quedara sin saber la premonición. De esta forma se enteró Nóshtex las palabras de Kooch y tuvo miedo de su pequeño enemigo quien ya estaba en el vientre de Teo.

Finalmente solo tenía una solución: "Voy a matarlos", pensó, "voy a matarlos y a comérmelos a los dos". Golpeo a Teo salvajemente mientras dormía, arranco al niño de sus entrañas dejándolo en el piso, mientras seguía despedazando a la madre. Sin embargo alguien más estaba en esa caverna y también escucho lo horribles ruidos que Xóchem hacía. Este era Ter-Werr una tuco-tuco que vivía en una casa subterránea excavada en el fondo de la cueva.

Dicen que fue esta quien rescato al bebe en el mismo momento que Nóshtex levantaba a su hijo para devorarlo, le mordió en el dedo del pie con todas sus fuerzas y este le dejo caer, Ter-Werr lo escondió en las profundidades antes que el gigante pudiera reaccionara, pero el refugio no era muy bueno, Nóshtex cruzaba por todos lados buscándolos tanto dentro como fuera de la caverna haciendo temblar todo a su paso.

Espero un tiempo prudente y se llevó al niño donde los demás animales para que lo ayuden a cuidarlo del gigante. Se cuenta que todos los animales se juntaron en una asamblea para discutir el asunto.

El Kius o Chorlo era el único de todos que había volado al otro lado del mar y dijo que había otras tierras creadas por Kooch en su camino al horizonte y propuso llevar al niño a esos lugares. Rápidamente se prepararon para la fuga y una madrugada cuando todo estaba dispuesto para partir, Terr-werr llevo al niño a una laguna cercana y lo escondió entre los juncos, allí llamo a Kíken el chingolo para que avisara a los demás animales.

Todos los animales fueron de escolta del niño excepto el puma que se negó a ir, el ñandú y el flamenco llegaron tarde. El zorrino también se dirigía al lugar pero en el camino se encontró con el gigante y no supo guardar el secreto.

Nósthex fue a grandes zancadas a la laguna pero el pecho colorado que estaba instruido por Terr-Werr lo distrajo con su canto y por eso no llego a tiempo, el cisne se acercó al niño nadando y lo coloco sobre su lomo para luego levantar el vuelo. El gigante no encontró nada al llegar y solo vio un ave blanca, con las alas desplegadas que viajaba decididamente al oeste.

Asi en un colchoncito de plumas blancas se alejaba el protegido de Kooch hacia una nueva tierra salvadora que después la llamarían la Patagonia.


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