martes, 12 de junio de 2018

Aquel que vendió su alma – Leyenda Maya


Entre muchas de las cosas que nos dejaron los Mayas, también están sus mitos y leyendas que nos muestra la gran sabiduría de su gente, dignas de los mejores círculos de escritores, ese legado cultural es invaluable por lo cual compartimos esta gota del gran rio cultural Maya a ustedes…


Dice que en la antigüedad existió un hombre de corazón bueno, de razonamiento inteligente y con una gran sabiduría pero que por azares del destino no tuvo suerte en ese camino el cual llamamos vida. La infelicidad, la mala suerte envuelto en malos días llego a tal limite que decidió invocar al mismo demonio Kizín y proponerle intercambiar su alma a cambio de mejores realidades.

Kizín inmediatamente se interesó por esta alma, pues a diferencia de lo que siempre llegaba a él era demasiado raro que le tocara un alma buena, por esto, razonó bien el intercambio para que no hubiera errores ni posteriores arrepentimientos. Las condiciones que ofreció fue que el intercambio del alma buena seria por siete deseos que el hombre pediría uno en cada día de la semana, al término de estos y cumplido ya el último día obtendría el alma buena sin condición ni opción a reclamo.

El primer deseo fue riqueza, en eso Kizín en un parpadeo lo lleno de tanto oro que nunca lo hubiera podido gastar e toda su vida ni dedicándose a  ello, su segundo deseo fue salud y los males que siempre lo aquejaron en toda su vida desaparecieron y se sintió más fuerte que un roble.

El tercer día deseó tener poder y obtuvo el mando cual cacique con todos los beneficios del mismo, el cuarto día decidió probar los manjares más exquisitos y degusto lo más sabroso que alguna vez existió.

El quinto día deseo viajar y de pronto se vio en lugares que nadie en su entorno había visto jamás y así fue que conoció distintas maravillas naturales y otras civilizaciones, al sexto día decidió tener mujeres e inmediatamente distintas féminas lo rodearon cada una envuelta en bellezas exóticas y todas hermosas que lo satisficieron en lo que quedo del día.

Al llegar el séptimo y último día el hombre le mostró a Kizín una bolsa de fréjoles y deseo que Kizin los lavara hasta que estos quedaran blancos. Kizín acepto y empezó a lavarlo, así el día fue pasando, poco a poco se dio cuenta de la inteligencia de este hombre y que había sido engañado porque le fue imposible volverlos blancos lavándolos.

Al no poder cumplir con el deseo el trato queda cancelado y por consiguiente el alma buena del hombre ya no sería suya, Kizín molesto por esto y para prevenir que esta historia se vuelva a repetir hizo que aparecieran varios tipos de fréjoles como fréjoles blancos, amarillos y rojos para que nadie se atreva a volver a engañarlo con esta treta.

Las imágenes que se muestran fueron encontradas en la red, tienen sus propios autores y/o dueños, solo se han colocado como información y guía del tema que estamos tratando.

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